Etapas en la evolución humana

Hace 8 millones de años atrás, un cambio climático extremo hizo desaparecer parte de la selva, lo que habría empujado a algunos primates existentes a bajar de la copa de los árboles e iniciar la evolución hacia la marcha bípeda.

Uno de nuestros antepasados más primitivos es un pequeño primate que habitó en los bosques de Afar, en Etiopía, hace unos 4,5 millones de años, llamado Ardipithecus anamensis. Es probable que fuera el antecesor de los australopithecus, homínidos muy diversificados que surgieron un millón de años después. El más antiguo hallado, Australopithecus afarensis, es la famosa “Lucy”, apodada así porque proviene de la canción "Lucy in the sky with diamonds" de The Beatles, que escuchaban los miembros del grupo investigador la noche posterior al hallazgo en 1974. Aunque parece que este homínido de largos miembros pasaba gran parte de su vida en los árboles, algunas huellas bien conservadas indican que la especie era bípeda. Como tal, Lucy, el esqueleto de una hembra de alrededor de 1 metro de altura, de aproximadamente 27 kg de peso, de unos 20 años de edad, es un importante vínculo con nuestros antepasados.

Hace 3 millones de años, los Australopithecus se habían diversificado en muchos tipos que prosperaron por gran parte del África subsahariana, especialmente en las sabanas abiertas del este. Su desaparición se ha atribuido a la crisis climática que se inició hace unos 2,8 millones de años y que condujo a una desertificación de la sabana con la consiguiente expansión de los ecosistemas abiertos de estepa. Como resultado de esta presión evolutiva, algunos se especializaron en la explotación de productos vegetales duros y de escaso valor nutritivo, desarrollando un impresionante aparato masticador, originando al Paranthropus; otros, en cambio, se hicieron paulatinamente más carnívoros, hábiles en el carroñeo de presas dejadas por los depredadores.

De esta forma, el género incluye dos grandes grupos: los australopitecos “gráciles” y los “robustos”. Todos eran bípedos, de cráneo pequeño y semejante al de un chimpancé, aunque el tamaño de su cerebro era mayor que el de sus predecesores. Medían entre 1 y 1,5 metros de altura y pesaban de 30 a 45 kg. Su dimorfismo sexual era muy acentuado, donde el tamaño del macho era muy superior a la de la hembra. Los “gráciles” habitaron los bosques y la sabana arbustiva, mientras que los “robustos”, más especializados, sólo poblaron la sabana.

Todo parece indicar que los australopitecos “robustos” se extinguieron coincidiendo con un nuevo cambio climático, acontecido a principios del período Cuaternario, mientras que las especies “gráciles”, pese a desaparecer un poco antes, a finales del Neógeno, formaron la rama evolutiva que daría lugar al género humano.

Aunque no se sabe con certeza qué especie originó los primeros miembros de nuestro género, varios investigadores han propuesto al Australopithecus africanus, al Australopithecus afarensis y al Australopithecus ghari, sin llegar a un acuerdo general. Clásicamente se consideran como pertenecientes al género Homo los homínidos capaces de elaborar herramientas de piedra. No obstante, esta visión ha sido puesta en duda en los últimos años, puesto que se ha sugerido que el Australopithecus ghari, hace 2,5 millones de años, fue capaz de fabricar herramientas muy simples.

Las herramientas más antiguas proceden de la región de Afar, Etiopía, y su antigüedad se estima en unos 2,6 millones de años, pero no existen fósiles de homínidos asociados a ellos. Sin embargo, la evidencia más clara de los primeros fabricantes de herramientas y sus descendientes se hallaron en el lecho de un antiguo lago situado en la garganta de Olduvai, en Tanzania. Estas herramientas se han datado en unos 1,8 millones de años, encuadradas en la industria lítica conocida como Olduvayense, fueron construidas por el Homo habilis, que dejó lo que podrían ser restos de un campamento junto a un lago, incluida una pequeña cantidad de útiles de piedra y huesos rotos de animales.

Los indicios sugieren que el Homo habilis habitó las sabanas de África del Sur y Oriental, donde convivió con los australopitecos. Su volumen cerebral alcanzó los 700 cm³ y llegó a medir 1,5 metros de altura. Según parece, su dieta incluyó la carne, aunque se desconoce si practicó la caza o el carroñeo. Por las evidencias halladas, no dominó el fuego ni tuvo la capacidad del lenguaje, aunque sí desarrolló la habilidad de tallar la piedra para darle filo.

Esta es sin duda la etapa más confusa y compleja de la evolución humana. Fue sobre esta época cuando apareció el que podría considerarse el primer humano auténtico, el Homo ergaster, dotado de un gran cerebro, con la frente inclinada y arcos superciliares prominentes. Morfológicamente muy similar al Homo erectus, en ocasiones se alude a él como Homo erectus africano, aunque en general son de complexión más robusta y fuerte, y tienden a ser algo más anchos de caderas.

Dentro de las hipótesis probables, se considera que los Homo ergaster pueden haber sido los primeros homínidos en establecer relaciones sociales complejas precisamente facilitadas por tener la capacidad del lenguaje oral articulado, que se veía acompañado por un gran cerebro capacitado ya para elaborar rudimentarias abstracciones.

El Homo ergaster estaba estrechamente relacionado con el Homo erectus, el primer humano que se extendió de África tropical y Asia como parte de una expansión general de mamíferos y depredadores ocurrida hace unos 1,8 millones de años. Tras convivir durante algún tiempo con otros homínidos, pronto se convirtió en el representante hegemónico del género.

Con una capacidad craneal de entre 800 y 1.100 cm³ y una estatura de 1,7 metros, el Homo erectus fue el primero que complementó la recolección de frutas y otros vegetales con la caza. Vivió en abrigos y en campamentos al aire libre, y existen evidencias de que ya utilizó el fuego. Además, asociados a sus restos fósiles, se han encontrado herramientas fabricadas con una nueva técnica, la Achelense, que consistía en que la piedra era trabajada de forma simétrica a ambos lados con golpes precisos para obtener útiles más especializados.

Los tipos de herramientas en los conjuntos achelenses incluyen puntas bifaces, hachas de mano, cuchillas, herramientas de lascas retocadas, raspadores, y segmentos. Los materiales utilizados estuvieron determinados por los tipos de piedra local. Por ejemplo, en África las rocas ígneas y sedimentarias, como el basalto, fueron las más ampliamente utilizadas, en tanto el pedernal se asocia con las herramientas encontradas en Europa Occidental. Incluso rocas relativamente blandas como la piedra caliza fueron aprovechadas.

Según estiman los investigadores, hace un millón de años, el Homo erectus colonizó otras regiones del continente africano y, poco a poco, llegó hasta Europa, el Próximo Oriente, India, China y el sudeste asiático, y llegaron hasta Dmanisis, en Georgia. No obstante, existen discrepancias, ya que algunos antropólogos afirman que se trata de especies distintas y evolucionadas a partir de un Homo más primitivo, mientras otros consideran que los restos de los homínidos hallados en Eurasia, como el Sinanthropus de Pekín o el Pithecanthropus de la isla de Java, pertenecen a descendientes directos de aquel homínido de postura erguida surgido en África Oriental.

Finalmente, hace unos 500.000 años, los primeros humanos ya se habían adaptado con éxito a una gran variedad de entornos tropicales y templados, dando inicio a un nuevo proceso evolutivo que desembocaría, unos 300.000 años más tarde, en la aparición del Homo sapiens. Sin embargo, esta transición resulta muy difícil de abordar, ya que está repleta de numerosos restos fósiles de confusa naturaleza que poseen rasgos que no permiten clasificarlos claramente en una u otra especie. Este es el caso del Homo heidelbergensis. Es probable que sus capacidades de comunicación y de raciocinio fueran limitadas, lo que afectaba su capacidad de adaptación, por lo que pudo haber sido una de las razones por las que no parecen haberse establecido en zonas de frío intenso ni haber alcanzado América y Australia. Con un cerebro de 1.200 cm³, algunos catalogan al Homo heidelbergensis como una subespecie avanzada del Homo erectus, y otros, como un Homo sapiens arcaico.

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